Zapac zupum
En un tranquilo pueblo diaguita rodeado de vastos campos de algarrobos, vivía una divinidad femenina llamada Zapac Zupum. Ella era representada como una hermosa mujer de cabellos oscuros y largos, vestida con una túnica hecha de hojas de algarrobo. Su rostro irradiaba bondad y sabiduría, y siempre llevaba consigo una ramita de algarrobo, símbolo de su conexión con la naturaleza. Ella era la protectora de los niños y niñas de la comunidad y de los algarrobos, árbol sagrado del pueblo diaguita. Se decía que cada noche, mientras los niños dormían, Zapac Zupum visitaba sus sueños para protegerlos y guiarlos en su crecimiento.
Una noche, mientras cuidaba el sueño de los niños, la comunidad fue atacada por unos invasores afuerinos que venían con la intención dañar a los niños y destruir los algarrobos robando sus frutos, pero cuando estaban a punto de cortar los árboles, Zapac Zupum intervino enviando una gran tormenta, con rayos y relámpagos, y grandes vientos, lo cual impidió que pudieran destruir los hermosos y sagrados algarrobos, los invasores se atemorizaron y tuvieron que huir para refugiarse en un lugar seguro.
La comunidad agradeció la protección de la diosa y celebro con alegría. Así, Zapac Zupum se convirtió en una figura venerada y admirada por la comunidad diaguita. Cada año celebraban una festividad en su honor, donde se realizaban danzas y cantos en agradecimiento por su protección y cuidado; su presencia recordaba a todos la gran importancia de cuidar y respetar la naturaleza, y de proteger a los puchuscos, quienes representaban el futuro de la comunidad.
Ella siguió para siempre cuidando a los niños y niñas del pueblo, como también los bosques de algarrobos para que den abundantes frutos. Zapac Zupum se mantuvo como una divinidad femenina hermosa, poderosa y amorosa guiando a su pueblo en su relación con la naturaleza y recordándoles la gran importancia de proteger y cuidar los algarrobos y por supuesto a los niños y niñas, quienes eran el tesoro más valioso de su pueblo.
