Yastay y la fiesta de la challa
En los fértiles valles diaguitas, cuando el sol acariciaba suavemente las laderas de las montañas, llegaba la gran festividad de la challa, una celebración llena de magia y significado. La palabra “Challa” resonaba en el aire como una suave llovizna que traía consigo la promesa de prosperidad y abundancia. Yastay había caminado mucho desde los altos cerros para llegar a del pueblo para la gran celebración de ese año.
Con asombro vio cómo la comunidad diaguita se preparaba para esta festividad anual. En las faldas del cerro, los diaguitas preparaban coloridos altares adornados con flores y frutas frescas, como ofrendas a Pachamama. La gente vestía con atuendos vibrantes que representaban la diversidad de la naturaleza que los rodeaba, y cuando vieron a Yastay, no dudaron en acicalarlo con hermosos tejidos y pompones. Él se sintió importante, porque ya era parte de esta fiesta. Quizás así, pensó, Pachamama oiría sus ruegos.
La challa no solo era un momento de alegría y de fiesta, pronto Yastay se dio cuenta que también era una ocasión de agradecimiento por las bendiciones recibidas. Sigiloso se acercó a un gran ruedo. Los ancianos contaban historias ancestrales alrededor de fogatas, transmitiendo la rica herencia cultural de generación en generación. Los jóvenes escuchaban con admiración, absorbiendo la sabiduría de sus antepasados y a Yastay le brillaban los ojos de pura emoción.
La celebración alcanzó su punto culminante cuando comenzaron las danzas tradicionales, las que evocaban la conexión entre la tierra y sus habitantes. Los tambores resonaban como los latidos de los corazones de la comunidad, y las risas se mezclaban con el suave murmullo del viento de los chañares. Entonces Yastay, sintió el latido en sus patas y se conectó con Pachamama, fue cuando abrió su corazón para pedirle fecundas cosechas para la comunidad en la que él habitaba. Justo entonces en medio de la festividad, se llevó a cabo una ceremonia especial para invocar a Wuachoy, el sol, y pedir luz y calor para las cosechas venideras. Entonces Yastay escuchó de un anciano que “La Challa”, simboliza la fertilidad, pues su significado es llovizna, y es la que asegura la prosperidad de los campos y la vida en armonía de la naturaleza. Yastay esperanzado, sintió que su misión había sido cumplida, y ya era hora de emprender su regreso.
Al finalizar la festividad, las risas y música flotaban en el aire, dejando en el corazón de los diaguitas un sentimiento renovado de unidad y gratitud. La Challa, como la suave llovizna que nutre la tierra, nutría también el espíritu de la comunidad diaguita, creando un lazo eterno entre ellos y la tierra que llamaban hogar.
