El Nacimiento de Guanaco trashumante
Yo tenía 6 años cuando en una noche de luna llena lo vi nacer. Con ese tono de luz nocturna que solo se puede ver entre los cerros de los valles del norte.Creo que conectamos desde el primer momento.
Había llegado a la vida ese guanaco blanco; nunca olvidaré que escuché melodías de tambores y flautas a lo lejos, entre montañas y bajo un cielo repleto de estrellas. El pequeño blanquito de frágiles piernas, se tambaleaba y apenas lograba levantarse. Se acercó a su madre, la cual respiraba lentamente, cansada y muy agotada. Yo, asombrado por ese lindo animalito, sentí en ese instante que era igual a un hermanito nuevo, un ser muy especial, como venido desde otras galaxias.
Recuerdo que en un movimiento que hizo el pequeño guanaco, le dio un rayo de luna en el rostro, iluminándolo. Fue entonces cuando nos miramos fijamente a los ojos: desde ese momento ya nunca más nos separamos.
Yo sentía algo extraño: como si desde siempre nos hubiésemos conocido, y algo me hacía presentir que el guanaco sentía lo mismo. Se convirtió en mi sombra y yo en la de él. Donde yo caminaba, el me seguía, hacia donde el miraba, yo miraba también.
