Protectora del chañar

Había una vez una niña llamada Hillanca, ella era conocida en su comunidad diaguita por ser experta en recolectar frutos del árbol nativo Chañar, actividad que había aprendido de su madre y abuelita.

Ella esperaba largo meses para que floreciera el árbol de Chañar, era muy lindo ver aquellas flores amarillas que atraían pájaros y abejas, por esa razón ella bautizó al árbol del Chañar como “árbol de oro”.

Un día camino al bosque de chañarales, llamado así por su gran densidad, Hillanca vio un árbol con ramas que formaba un arco perfecto, y recordó una historia que contaba su abuelita la hierbatera que decía. Si vez en un árbol una rama que forma un arco reconocerás un portal el cual te entregara conocimiento de nuestros ancestros…curiosa camino a él y al pasar por este, vio una gran luz que venía desde el cielo, esta luz reposó en una gran roca y se convirtió en un niño con pies descalzos, moreno, con un atuendo blanco con diseños de grecas de color rojo y negro y en su cabeza tenía un cintillo con una pluma, en sus muñecas portaba una pulsera de piedra pulida verde y en su cuello le colgaba un collar con una llamita blanca.

No temas, soy un ancestro que viene a darte un mensaje para que lo transmitas de generación a generación y seas tú una protectora del Chañar, que les cuentes a tu comunidad que no corten, no quemen, ni dañen a este árbol, porque es un árbol sagrado de nuestro territorio Diaguita, te entrego el poder del fuego, agua, viento y tierra que son la base de nuestra cosmovisión, porque la tierra representará el mundo de abajo donde hay oscuridad anida nuestra semilla, el fuego representará el calor del sol donde la semilla germina, el agua representará a YUCURMANA, madre del agua que recorrerá valles y quebradas y por último el viento será quien transporte las semillas por todo el territorio de los Calchaquíes.

El niño de su cinturón saca un tambor que le colgaba del lado izquierdo y comenzó a tocarlo de forma rítmica lo que hacía retumbar el corazón de Huillanca, ella bailaba de un lado hacia el otro, en dirección de un circulo, y luego volteaba en una contraria dirección, era como que recordaba en su sangre aquellos sonidos mágicos

Finalmente llego el atardecer y el niño volvió a ser estrella y Huillanca cada vez que ve el firmamento, recuerda a ese niño que le dio una misión y dibujo en la gran piedra al niño estrella.

¡Comparte con el mundo!

¿Deseas Leer más?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *