Amaru y el Anciano

Amaru paseaba por su aldea grande, la encontraba hermosa, ya que allí reinaba la tranquilidad y ella se sentía segura recorriéndola, por tanto no sentía ningún miedo desplazarse día a día.
En este andar, ella se encontró con un anciano, que según decía la gente del pueblo era un “encantador de serpientes”.

Detuvo su caminar, para observar como el anciano hacía para que, la serpiente, realizará ciertos movimientos, guiada por un péndulo que el jipka ponía en movimiento delante de ésta.
Amaru solo conocía esas pequeñas culebrillas que habitan entre los ramaje del campo, y que al sentir los pasos de las personas, escapan, escondiéndose en algún recoveco.

Luego recordó que sus taitas le habían contado que las serpientes de gran tamaño, son muy peligrosas porque si pican al hombre, podrían causarle la muerte, ya que el veneno que lanzan, es muy poderoso y mortal.

Por eso Amaru pensaba de que forma el anciano pudo dominar a la ananai, para mostrar sus movimientos a los hermanos de la comunidad, sin que este reptil, se abalanzara sobre las personas que observaban la habilidad reptil.

También, recordó que, mientras se encontraban ella y su familia a orillas del fogón, esperando que se cocieran los alimentos, para ser repartidos a todos los integrantes de la familia, su madre había contado que una ananai muy grande había picado a un niño pequeño que estuvo muy grave, pero que el anciano encantador de serpientes le aplico un ungüento mágico de hierbas medicinales con lo cual el niño se sanó completamente.

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