La Illa y el Yastay

Hace muchas lunas en el pueblo de Barraza, en una hermosa noche estrellada, la Illa, en su máximo esplendor, brillante y resplandeciente, iluminaba el camino desde el Apu hasta el mallu y todo el paisaje con su flora y fauna, tan característica de la zona.

La noche estaba tan iluminada que desde el alto del tatul, se veía claramente al yastay bajando en busca de cobijo, para al fin poder descansar de su larga caminata, sin embargo, se encontraba con un sentimiento de llaquizka, ya que se había perdido en medio de la guina.

De pronto el Yastay escuchó hablar a la Illa, quien dulcemente le dijo: -querido yastay, sé que te sientes triste y cansado, yo te ayudaré. Con mi luz alumbraré el camino para que puedas llegar a tu lugar de destino y puedas encontrar refugio-.

El yastay , muy asombrado, no podía creer que la Illa le estaba hablando. Al principio pensó que era su imaginación, que quizás ese día el wuachoy había estado muy fuerte, pero luego se dio cuenta de que en verdad la ILLA era quien le hablaba. A Yastay se le iluminó su mirada de felicidad, y gracias a la ayuda de la clara luz de la illa logró encontrar a los pies del cerro, un refugio entre rocas que lo cubrieron del viento. Decidió que ahí descansaría, para poder volver a su casa, al día siguiente.

Yastay se acomodo en ese lugar, pero no podía dormir de la emoción, pues estaba muy contento y agradecido con la illa, a quien le dijo que jamás olvidaría la ayuda que le había brindado, y que le pediría al etiej que la cuidara por siempre.

Y es así que illa y yastay se hicieron grandes amigos y nunca más separaron sus caminos.

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