El sueño del Joven diaguita

El Joven del pueblo diaguita, recorría libremente por todo el valle del Elqui tempranito, cuando empezaba a despertar el alba, para realizar el trabajo esforzado y propio del campo. Pero éste no se le hacía tan pesado, ya que muy cerca, corría un inmenso río, con sus aguas cristalinas que bajaban de la hermosa cordillera; y al oír el sonido del agua correr, su labor se le hacía más llevadera. A orillas del río crecían grandes y maravillosos árboles ancestrales como algarrobos, chañares, churques, cactus silvestres cuyo fruto es el copao. Estos arbolitos le prodigaban sombra, frescura y aroma al ambiente, les proporcionaban ricos y nutritivos frutos y leña para cocinar y calentar el hogar, en aquellas noches lluviosas y heladas.

Pero, también, a la orilla del río y en las cercanías de éste, brotaban mágicamente una gran variedad de plantas y flores, tanto medicinales como decorativas.

Este joven soñó, que se encontraba con sus ancestros, quienes extraían del árbol algarrobo sus frutos que vienen en forma vaina se podían cocer al gran fuego de leña para convertirse en un exquisito arrope una especie de jarabe dulce para usar de múltiples maneras.

Pensó, para sí mismo, que ese sueño especial, le haría cambiar su vida, ya que se dedicaría a extraer ese preciado jarabe para poder hacer trueques por otros alimentos para ayudar y pasar más tiempo con su comunidad.

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